Comentario crítico

  Un espacio que no ayuda

El aprendizaje no depende sólo del esfuerzo que ponemos los estudiantes, también depende mucho del lugar donde pasamos tantas horas al día. Cuando ese espacio no está en buenas condiciones, todo se vuelve más pesado de lo que debería ser. Muchas veces se espera que estemos atentos, participemos y rindamos bien, pero es difícil hacerlo cuando las condiciones no acompañan. Las sillas y las mesas están en mal estado, algunas se mueven, están rotas o desniveladas, y uno pasa horas incómodo tratando de concentrarse mientras el cuerpo ya está cansado. Escribir se vuelve incómodo, sentarse no se siente seguro y eso termina afectando la atención, aunque no siempre se note de inmediato. Con el tiempo, estas cosas se van normalizando y ya nadie dice nada, como si fuera parte de la rutina, pero no debería ser así. Un espacio de estudio tendría que ser cómodo, seguro y pensado para aprender, no un lugar donde uno tenga que adaptarse a la incomodidad todos los días. No se trata de pedir lujos ni cosas exageradas, solo que lo básico esté bien, porque eso también influye en cómo aprendemos y cómo nos sentimos. Aprender ya es un reto, y se vuelve aún más difícil cuando el lugar donde estudiamos no ayuda, sino que complica más las cosas.



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